La inercia del vacío
Hay días en los que me miro y solo veo un caos sin dirección.
Me siento como un engranaje suelto en una máquina que no se detiene, preguntándome si alguien notaría si dejo de girar.
La sensación de no ser útil para nadie, de ser solo ruido en medio de la música de los demás, cala hondo. Es agotador sentir que siempre estoy a un paso de fallar o que mis manos solo saben enredar lo que tocan. Me cuesta creer que este desastre que soy tenga un propósito, cuando ni siquiera yo encuentro el mapa para salir de mi propio laberinto.
Soy un incendio que no calienta, solo consume. Me miro al espejo y solo veo un estorbo, una pieza defectuosa que el mundo olvidó devolver. No es solo que me sienta inútil; es que siento que mi presencia es una resta constante para los demás.
Estoy cansada de cargar con este desastre que no pedí ser, de ver cómo todos avanzan mientras yo me hundo en mi propia incapacidad. No hay utilidad en el vacío, y ahora mismo, eso es todo lo que soy: un hueco donde debería haber alguien que valga la pena.
Ya ni siquiera me duele ser un desastre; simplemente me aburre.
Es un vacío gris que lo cubre todo, una niebla que hace que cada intento de 'ser útil' se sienta ridículo. No busco el perdón ni la redención, solo que el tiempo pase sin pedirme nada a cambio.
Me he convertido en una espectadora de mi propio naufragio, mirando cómo las piezas se hunden sin la menor intención de nadar.
No soy necesaria, y lo peor es que ya no me importa. Soy solo un cuerpo ocupando un espacio, esperando que el silencio termine de borrar lo poco que queda de mí.
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