El tren del desamor
Solamente he cogido una vez, de verdad, un tren directo hacia el amor, el tren del desamor le llamo ahora.
Reconozco que ha sido una de las mayores locuras de mi vida, sin planificar, sin haber hablado a nadie antes, de Él. Simplemente le estaba perdiendo sin habernos podido mirar de frente y le dije, he sacado los billetes, llego a aquella ciudad, a las 21:45 h, ya eran las 14:00 h, tenía que organizar maleta, pensar cómo irme sin decir nada a nadie pero teniendo que dejar a mi niño pequeño al cargo de alguién. Así de loca estaba entonces, y creo que lo sigo estando.
Él, se encargó de buscar un lugar dónde hospedarnos, cogí el tren sin apenas darme cuenta porque tuve que llegar corriendo al andén. Y un poco más de 4 horas después, llegué, me temblaba todo el cuerpo, me esperaba al bajar del vagón, y si no le reconocía ? Eso es imposible me decía, hasta con los ojos cerrados podrías verle.
Le ví, venía hacía mí, yo con un tic en los labios me acercaba sonriendo, el abrazo, aquel abrazo que nunca he vuelto a sentir, el que necesitas y esperas tanto tiempo que no quieres apartarte por si todo es un sueño. Nos besamos, delante de toda la gente en la estación y de ahí, cómo si siempre hubiéramos vivido juntos, me sentí la princesa de un cuento que todavía no había sido escrito, me llevó a un Castillo, sí, era un parador Castillo, demasiado para mí que soy una persona sencilla y humilde.
Fué con diferencia la única y mejor noche de mi vida, aunque con él hubo tantas, tantas como los más de cinco años nos dejó el destino, recorrimos tantos lugares, convivimos cada vez que había ocasión, fuí feliz a pesar de muchas visicitudes, diferencias, problemas y un mundo de mentiras que Él había creado para mí.
Le dí muchas oportunidades, cada vez sus mentiras las descubría antes y no podía callarme, pero tampoco quería perderme, así que perdonaba día tras día, llegué a la desesperación y la locura, la obsesión, la dependencia emocional, pués cuando se hablaba de dejar la relación, se acababa, pero al poco volvía con sus peticiones de perdón.
Ya no daba más de sí la cuerda floja, tenía que sacar fuerzas de dónde no las tenía para salvarme de lo que me estaba llevando a la muerte, me costó más de dos años recomponerme un poco, volver a sonreír, querer vivir y lo hice. Aunque volví a caer en algún que otro error parecido, cómo no, así soy yo, erre que erre en confiar en las gente.
Pero desde entonces nada ha sido ni parecido, nadie me ha hecho sentir valiosa, ser mujer, persona, sentirme atractiva, nadie ha podido llenar mi corazón con esa intensidad y mariposas, he vuelto a sentir, pero para que voy a engañarme, nunca volveré a coger el tren del desamor, ese que un día me mostró lo que era amar de verdad.
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