No Estoy Loca

 Hace unas horas ante el temor a que lo que me estaba sucediendo llegase a ser algo más grave, decidí acercarme al Hospital y comentar lo que me estaba sucediendo.

Desde hace algunos años, esa sensación de salirme de mi cuerpo y ver mi vida cómo una película dónde era la espectadora, me parecía una acción normal debida al estrés y la necesidad de desconectar del mundo real.

Pero según el estudio de varios profesionales, eso conllevaba algo más que un simple acto de defensa personal, era un trastorno mental llamado disociación de la personalidad y la realidad. En momentos en que el estrés era demasiado gigante y no podía con la ansiedad ni era capaz de gestionarla, aparecían esos brotes.

Y me dije, pués ya está... ahora eres también una loca. Hoy he sentido ganas de algo más que de desconectar, y el miedo se ha apoderado de mi existencia, pués creía estar poniéndola en riesgo.

Tras un ingreso casual para evaluar mi estado y situación, tras una charla de horas con la psicóloga y la psiquiatra, en la que por fin he concretado en mi situación, en lo que estoy viviendo, en lo que no entiendo por qué me sucede a mí, explicando al detalle lo que más me está trastornando psicológicamente y haciendo dudar de mí capacidad mental...

Sus caras eran un poema, su silencio no se cortaba ni con cuchillos, y al fin las primeras palabras... tú no tienes una enfermedad mental cariño, lo que tienes es demasiado encima, un estrés crónico, una consecución de problemas ante los que te sientes obligada a responder y además personas que se afanan en hacerte creer que lo que ves, no es lo que es, y así no puedes gestionar con libertad el diferenciar tus dudas de las seguridades, lo real de lo ficticio, es imposible poder con todo y no tener momentos en que la ansiedad te lleven a encontrar la manera de desconectar de la vida que te apresa y asfixia.

Tú no estás enferma mentalmente hablando, aunque tienes tantas enfermedades físicas, que cualquiera ya se hubiera dejado vencer. 

He acabado resoplando y soltando un enorme suspiro, qué menos que mantener cuerda mi cabeza, porque el día que la pierda no quiero seguir en esta vida. 

Tras una serie de consejos y pautas, que sé que no voy a seguir, porque entrañaría alejarme de personas de las que ahora mismo no quiero ni puedo, al menos me he sentido entendida, liberada y sabiendo que dan razón a lo que han visto y oído, sin tener porqué dármela ni interceder a favor mío.

Así que me voy a casa, cansada, pero segura de mí coco, de mis convicciones ante gestos y actos, y de que mi verdad es la verdad. Segura de mí fuerza para seguir adelante, y de que cuando necesite desconectar, tengo derecho a verme desde fuera como si estuviese comiendo pipas en la butaca de un cine de un barrio cualquiera.

No, no estoy loca, ni me van a volver.


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