Léeme el alma
A veces pienso que la única manera en la que podrías leerme el corazón, sería abriendo el caparazón que lo resguarda, cortar con un serrucho mi caja torácica, cogerte las manos, adentrarlas en mi pecho y hacerte abrazar con ellas esa masa roja y semi blanda que emite alguna sibilancia y golpea en forma de latidos cómo un martillo contra una pared.
No sólo me leerías el corazón, aunque dicen que nada tiene que ver, yo situo en él... mi alma. Eso que no se ve, que nadie conoce salvo por especulaciones, pero que es el mayor almacén de nuestros sentimientos y el secreto que cada uno se lleva sin poder mostrar, al más allá.
Tal vez sería bastante tener mi tozuda patata latiendo en tus manos para que conocieras como piensa mi cabeza, porque todo lo que proviene de ella, nace detrás de mis tetas.
Hallarás la pregunta a todas tus respuestas infundadas, encontrarás dónde te siento vivo, dónde te llevo a cada lado conmigo, dónde duermes cada noche y cada siesta junto a mí, donde me lates los suspiros de amor que nunca has escuchado ni visto.
Léeme el corazón y podrás descifrar mi alma, la que te regalé y no quiero recuperar.
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