Sueños incumplidos
Hoy por hoy, puedo confirmar que me iré de esta vida con muchos sueños incumplidos.
No, no son sueños imposibles, ni inalcanzables, no son excéntricos, tampoco complicados, bueno alguno sí. Pero sé que no se cumplirán.
Al menos uno tengo decidido que sea mi último deseo y ya que no será posible en vida, he modificado el sueño para que se cumpla en una pequeña parte. Es una bobada para la mayoría de los que me estén leyendo, pero para mí... un maravilloso y gran sueño.
"Nadar con delfines", así tal cuál, lo más cerca que he estado de ellos ha sido en el Zoo de Madrid, muchas veces a través del cristal de su piscina, la última vez, Warina se embelesó con mi niño, y daba con su morro en el cristal cómo si quisiera tocarle, me hubiera quedado días allí observando esos ojos tan dulces y expresivos que mostraban tanto cómo lo de un ser humano.
Ese día conseguí al acabar su actuación, que los cuidadores me dejaran pasar a la zona de la piscina, para sorpresa uno salió de ella y agradeceré toda la vida, que me permitieran acariciarle. Aquella sensación no la olvidaré en toda mi vida. Su piel tan suave, su hocico rozando mi mano, la conexión que sentí con él, la emoción que se derramaba en forma de lágrimas por mis mejillas y aquella despedida tan tierna, al mírame y lanzarse al agua.
Reconozco que me sentí triste, bastante, pensaba en lo felices que serían libres en el mar, y no allí cada día actuando delante de tantas personas, que los cuidan mucho lo sé, pero sentia que me aprisionaba su falta de libertad, su hábitat, su verdadero hogar.
Por ese motivo es que mi sueño es nadar con ellos en el mar, quien dice nadar, dice flotar, que no soy la mejor nadadora del mundo, pero sueño con rodearme de ellos, poderles acariciar, que alguno me ofreciese su aleta y me llevara sobre su espalda a toda velocidad, sentir su rapidez, los saltos, verles hacer piruetas y escuchar su impresionante sonido al intentar hablar, o expresarse. A ver, que es un sueño y puedo imaginar lo más extravagante, así que no se me enfaden.
Cómo no será posible, la decisión de la que hablaba con anterioridad es algo más sencilla, tenía pensado que cuándo muera me incineren y echasen mis cenizas junto a las que conservo de mi amigo gato Salem, en cualquier parte donde crezcan margaritas, pero he cambiado y ahora quiero que las echen con las de Salem, al mar, cerca de dónde naden los delfines, que se empapen del amor de los animales más inteligentes y nobles del mundo.
Eah, ya lo tengo organizado, mi sueño medio incumplido, o no.
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