La manera más bonita de despedirse

 Hoy, durante unos minutos que se han hecho eternos, he tenido que contener la respiración, creo que para no llorar, o tal vez para apaciguar el nudo que oprimía mi garganta.

He leído un texto tremendamente maravilloso y desgarrador, tierno y triste, bonito y romántico, emotivo hasta más no poder, un texto que hablaba sobre la despedida de la persona que quieres, a causa de la muerte.

De repente he vuelto a leer en mi cabeza, unas palabras que hace tiempo me repetía mil veces... "la manera más bonita de despedirse de quién quieres, o que se despida de ti, es muriendo".

Si, como lo leen, y tal vez pueden pensar que estoy loca (lo estoy, razón no les falta), pero creo que cuando terminen de leer este texto, podrán comprender un poco mejor estas palabras que estoy escribiendo mientras de fondo escucho una melodía preciosa de piano.

La manera más bonita de despedirse de quién quieres, o que se despida de ti, es muriendo. 

Y es que cuándo alguien muere al lado de la persona que ama, el shock es brutal, es duro, doloroso, inaceptable, desolador, te deja un vacío que sabes que no volverás a llenar, pero es tan bonito poder despedirse sabiendo que te quería, te amaba, o la otra persona sabiendo que la querías, la amabas, que a pesar del dolor te queda la calma, saber que has hecho todo, lo has dado todo y has estado o ha estado hasta su, o tu ultimo aliento.

No puede haber mejor manera de decirse adiós, no, y hay muchas, pero las demás son a mi parecer mucho más traumáticas, les puedo poner un ejemplo, un ejemplo vivido en propia carne. 

La despedida sin despedida, sí, tal como lo digo. Ese adiós sin adiós que ahora tanto se ha puesto de moda, desaparecer sin más, como si nada hubiese sido real, como si lo que has vivido hubiese sido un sueño o en ese momento una pesadilla, sobre todo cuando no se convive y comparte físicamente cada día y solo hay ocasión de vivir los momentos en que el tiempo o la situación de cada uno lo permite. 

Tal vez un enfado, un desencuentro, tal vez la rutina, el cansancio o el desamor que llega para una parte de la pareja y de repente, no vuelves a ver a esa persona, no vuelves a escucharla, no sabes nada de su vida, ni lo volverás a saber. Y entonces te quedas con la sensación de culpabilidad ante ese hecho, las certezas infundadas... se ha enamorado de alguien porque yo no soy suficiente, ha jugado conmigo mientras aparecía otra persona que le hiciera más feliz, no he sabido mantener la relación, no sé querer, no hago nada bien. Y miles de preguntas sin respuestas que desarman tu cabeza y van deshojando el corazón cómo si de una flor de temporada se tratara. 

Llega la frustración, la baja autoestima, sumada a los millones de lágrimas que no dejan de brotar durante semanas, tal vez meses, o incluso años, porque tú sentías amor, te había creado expectativas, creías que era el amor de tu vida y moriríais de viejitos abrazados.

Habías planeado tantos momentos futuros, y todos se desvanecen en un instante, y pasa el tiempo y tan sólo eres capaz de crearte una desconfianza en el amor que cada día fortalece más el corazón envuelto en una coraza que le resguarde de cualquier dolor. Te haces a la idea de morir sol@ y no volver a sentir amor.

Y después de tanta parrafada y locura, decirles para terminar, que acabo de escribir con mi corazón aún destrozado, que es lo que pienso sobre las despedidas, y por eso seguiré pensando que... "la manera más bonita de despedirse de quién quieres, o que se despida de ti, es muriendo'

Y mientras... Bohemian Rapsody sigue sonando al piano, el nudo en la garganta sigue asfixiando y las lágrimas no dejan de mojar la pantalla de cristal recordando el texto de la despedida.


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