Un recuerdo sellado con un beso
Aún no asimilo cómo sucedió, pero no olvidaré el sabor de sus besos llenos de deseo.
Allí estaba yo, sin haberlo planeado, en esa discoteca tomando ron con cola y moviendo las caderas.
Salimos mi amiga y yo a tomar un poco de aire por la concentración de calor y olores que debido a la excesiva masificación del local impedía respirar.
Al salir nos encendimos el necesario cigarro de rigor. Y allí un muchacho que llamaba la atención por su altura y buen físico no dejaba de mirarme, mi amiga se había dado cuenta, y yo me giraba algo incómoda ante la situación.
De repente una voz por detrás me pide por favor un cigarro, mi asombro fué total, era aquel joven, sonreí y yo que no tengo pelos en la lengua le solté con una sonrisa... Ah, por eso me mirabas !, estabas buscando un estanco de tabacos. Se rió a carcajadas, y me dijo no, pero no encontraba otra manera mejor de acercarme.
Nos fumamos el cigarro mientras nos adentramos en más de una conversación realmente interesante y entonces le pregunté su edad, aparentaba poco más de veinte años, no fallé, tenía 26, aunque su madurez era bastante impresionante.
Pasamos al local, cada uno con su gente, pero a cada rato se acercaba a comentarme cualquier cosa que se le ocurría, me invitó a bailar, nos marcamos una bachata que no pasó desapercibida para el resto del personal.
Volvimos a salir a fumar acompañados, y me sentía a gusto, a pesar de llamarle baby, cosa que le hacía reír. (Por si no lo he dicho antes, le doblaba casi la edad).
Ya eran las 5 de la mañana, iba y venía, mientras yo seguía hablando y bailando con otra gente, por un momento sentí que se ponía celoso, sus ojos no dejaban de mirarme, de una manera que no precisamente inspiraban ternura.
En un momento dado, me coge las manos y me dice... Vanesa, me vendes un beso antes de marcharnos para sellar una noche mágica y especial?, mi respuesta no la esperaba, yo no vendo ni regalos besos, no se dan con cualquiera. Su cara fué un completo poema, sentí algo de pena y vergüenza, y le dije.. pero te invito a un cigarro.
Salimos solos, había demasiada gente, nos alejamos a un sitio más apartado para poder escucharnos hablar mejor.
Me miró, se acercó lo suficiente para que pudiera sentir su respiración en mi boca, sabía que mis ojos le estaban diciendo bésame, acaricio con sus dedos mis labios, suspiré, le dije que podia ser su madre, y respondió que ya le gustaría tener una madre con un cuerpazo cómo el mío, una sonrisa tan bonita y ser tan especial. No pensé, me dejé llevar, nos fundimos en un beso, y otro, y nos separábamos, me decía uno más ?, el último ?, bueno el penúltimo.
Nuestro deseo se aceleró, decía gustarle como besaba, y las manos comenzaron a querer jugar un poco más, se deslizaban buscando zonas que nos iban haciendo crecer más aquella pasión loca y desenfrenada, el contacto con su cuerpo pegados totalmente me mostraba que aquello se nos estaba yendo de las manos, y sin querer hacerlo paré, puse los pies en el suelo y paré. Nos miramos, esperamos que aquel deseo bajase para que nadie pudiese darse cuenta de lo que estaba sucediendo, me pidió el teléfono, se lo di inventado, yo no le pedí el suyo, nos despedimos cómo si nada hubiera ocurrido, dos besos, de amigos.
No he vuelto a aquel local, tal vez por miedo a tentar a la suerte, tal vez porque como dijimos, tendremos el recuerdo de una noche sellada con un beso, o quién sabe !... tal vez volvamos a encontrarnos.
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